Ciencia y Mujeres

César Paz-y-Miño

El 8 de marzo de 1908, en la fábrica Cotton de Nueva York, fueron incineradas 129 obreras. En su recuerdo, la ONU proclamó el Día Internacional de la Mujer. La conmemoración refuerza la lucha por los derechos relegados de las mujeres, las reivindicaciones de equidad y la terminación de la explotación. En este camino, son millones las mujeres que aportan a la humanidad con su esfuerzo. En algunas regiones del mundo, el 80% de la producción agrícola la realizan las mujeres y solo reciben 50% del salario pagado a un hombre.


En el ámbito de la ciencia, son muchas las mujeres reconocidas internacionalmente. La egipcia Merith Ptah hace 4 mil años fungió como médica principal. La historia recuerda a la griega Téano médica y matemática, a Hipatia de Alejandría que escribió sobre astronomía, matemática y medicina. En el Medioevo, algunas privilegiadas fueron a las universidades. La italiana Trotula de Salerno, profesora de medicina, junto a varias aristócratas constituyeron “las señoritas de Salerno”. Durante la revolución científica del Siglo XVII, se destacó la inglesa Margaret Cavendish en filosofía natural. Hubo aportes de francesas y alemanas. En los viajes a la América colonial, participó la botánica María Sibylla Merian. En Estados Unidos, en 1887 se registraban 3 mil mujeres con doctorados en ciencias, mientras que en 1990 eran ya 20 mil. La primera mujer ganadora de un Premio Nobel fue Marie Curie en 1903 por sus trabajos en Física y en 1911 recibió el Nobel de Química. En adelante se registran algunas galardonadas.


En el Ecuador, se destacan en ciencias Manuela Cañizares y Manuela Espejo. En otros ámbitos hay nombres célebres de mujeres, pero en ciencias es más complicado. En 1921 Matilde Hidalgo de Prócel fue la primera médica ecuatoriana. Actualmente, en las carreras de ciencias está casi equiparada la asistencia de hombres y mujeres y algunas científicas cuentan con investigaciones que se difunden internacionalmente.


Aún hay discriminación real hacia la mujer y en países con más machismo, menos mujeres han sido reconocidas por su labor científica. Se han usado muchos argumentos tratando de minimizar su accionar: fuerza física, diferencias en la corporeidad, menor peso del cerebro, genes diversos y más tonterías; lo cierto es que al estudiar la inteligencia y las facultades mentales, no existe diferencia sustancial entre los sexos; las diferencias provienen de posturas históricas, económicas y religiosas. La sumisión, la debilidad, la fragilidad, etc., atribuidas a la mujer, son día a día desvirtuadas por el trabajo productivo, la creación científica y literaria, el posicionamiento firme en la sociedad y la historia.


Las mujeres han avanzado más en el cuestionamiento a la discriminación de género que los hombres. Hoy el compromiso de cada mujer, de cada individuo y de toda la sociedad, es entender el papel que jugamos en la interrelación de géneros: o apoyamos y reproducimos ideológica y culturalmente la disparidad o somos instrumento de cambio. Por fortuna, en la ciencia actual las mujeres juegan un papel preponderante y prestigioso.

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