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El desencuentro de dos célebres: Mendel y Darwin

César Paz-y-Miño, Investigador en Genética Médica, Universidad UTE. Publicado en EL COMERCIO.

Dos célebres e importantes personajes de la historia de la ciencia convivieron en la misma época: Darwin, quien propuso su Teoría de la Evolución en 1859 y Mendel, quien postuló las Leyes de la Herencia en 1865. La genialidad de las dos visiones del mundo natural podría haber revolucionado las ciencias, mucho antes, ¿pero qué pasó que no discutieron sus hallazgos cuando en ciencia los conocimientos trascendentales se comparten velozmente y se discuten?


El Legado tardío de Mendel

Gregor Mendel se alejó de la visión que aseguraba que la herencia venía en “bloque”, es decir que todas las características en conjunto se pasaban a la descendencia. Esta manera de ver la herencia dificultaba explicarla. Lo genial de Mendel es que separa las características heredadas y no las analiza en conjunto, sino una por una, las que podía medir. Los experimentos que realiza con los cruces de plantas de guisantes lisos y rugosos son rigurosamente descritos, compilados y analizados dentro de la experimentación racional.


Mendel postuló tres leyes: 1) El cruce de individuos de raza pura produce híbridos iguales (Ley de la Uniformidad). 2) Los híbridos resultantes pueden transmitir un carácter aunque en ellos no se manifiesten (Ley de la Segregación), lo que Mendel llamó caracteres “opacados” y que hoy se llaman recesivos. 3) Cruces de individuos con varias características físicas se heredan de manera independiente en los hijos; hoy sabemos que esto ocurre porque los genes ocupan lugares distantes en el ADN.


Mendel introduce un elemento crucial en sus análisis: la matemática, justo el que más polémica causó entre los científicos. En la serie de experimentos de cruces siempre llega a las mismas conclusiones numéricas. Su trabajo “Experimentos sobre la hibridación de las plantas” lo presenta en la reunión anual de la Sociedad de Historia Natural de Brün en 1865 y luego lo publica en 1866, pero no le dan crédito y, al ir contracorriente, no tiene impacto. Solo 50 años después, su estudio es rescatado, elogiado y reconocido como genial, al punto de convertir al autor en el Padre de la Genética Moderna.


Las ideas de Darwin

Charles Darwin postula su Teoría basándose en observaciones de las características anatómicas y comportamentales similares entre especies, incluida la humana. Entre sus observaciones están las efectuadas en las Islas Galápagos. Darwin propone que todas las especies de seres vivos han evolucionado de un antepasado común y que se han ido perfeccionando mediante el proceso denominado selección natural, que sería el mecanismo usual de los cambios biológicos. Su libro “El origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida” es el cimiento de la Biología actual.


La Teoría evolutiva se enfoca desde dos perspectivas: cambios graduales en miles de años y acumulados progresiva y perfeccionadamente en una especie, determinados por presiones selectivas ambientales y funcionales, llegan a transformar la especie en una nueva y evolucionada; o podrían ocurrir que cambios de una especie a otra se den por saltos en la mejora de la calidad de las funciones adquiridas, lo que significa que la cantidad de cambios provocan un cambio nuevo brusco, una cualidad diferente, por tanto, una especie o función nueva. Aunque las teorías de ancestros comunes en la evolución ya venían manejándose, la genialidad de Darwin consistió en proponer una explicación de cómo ocurre la evolución por selección natural, según la cual los individuos mejor adaptados son los que se reproducen más eficientemente. El factor de cambio, sabemos hoy, es la mutación del ADN.


El trabajo de Mendel no fue conocido por Darwin; se elucubra incluso que Mendel, por el respeto que tenía a su Teoría evolutiva, le envió por correo su estudio, pero al parecer, no fue considerado, lo que produjo un retraso tremendo en la historia de ambos postulados. Parece que Mendel entendía la importancia de los trabajos de Darwin y los aplicaba a sus estudios, usa incluso lenguaje evolutivo en sus escritos. En cambio Darwin al no conocer los trabajos de Mendel, no tuvo el sustrato adecuado para explicar que los responsables de los cambios biológicos por selección natural eran los genes y las mutaciones; en esto fue tan solo teórico.


Darwin produjo polarizaciones científicas y religiosas. Se autodefinió como ateo al final de su vida y su Teoría es la base del materialismo científico y racional. Mendel no tuvo el mismo impacto en su momento; como monje que era, en primera instancia se desprendió del prejuicio religioso para analizar sus hallazgos con pensamiento evolutivo y luego siguió su camino de Abad, inadvertido por los científicos, aunque sus hallazgos marcarían el inicio de la genética científica y experimental. Lástima que no se encontraron.


La Teoría Evolutiva moderna, más los datos de la Genética y Genómica actual, constituyen una poderosa, demostrable y consolidada visión del mundo material: la Teoría Sintética de la Evolución (compilada por Theodosius Dobzhansky), cada vez con más evidencias objetivas y veraces.

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