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La carga genética de la obesidad: implicaciones para la salud pública

César Paz-y-Miño. Investigador en Genética Médica. Facultas de Ciencias de la Salud “Eugenio Espejo”, Universidad UTE.

La obesidad es considerada uno de los problemas de salud pública más importantes en el mundo actual, con una prevalencia en aumento a nivel mundial. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2016 se estimó que alrededor del 13% de la población adulta mundial (un total de 650 millones de personas) tenía obesidad. Además, se estima que alrededor del 39% de la población adulta mundial tenía sobrepeso. América Latina y el Caribe tienen una alta prevalencia de obesidad, con un 26,9% de la población adulta afectada en 2016, seguido de Norteamérica con un 28,2%. En Europa, la tasa de obesidad es del 23,3%, mientras que en Asia es del 12,6%. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC), en 2019 el país tenía una tasa de sobrepeso y obesidad del 35,4% entre los niños de 5 a 11 años. Entre los adultos de 19 a 59 años, estos trastornos alimentarios se tradujeron en un aumento significativo del 0,7% en el sobrepeso y del 1,18% en la obesidad, en comparación con las cifras obtenidas en 2012. En niños menores de 5 años la cifra para 2023 refleja un 9,8% de obesidad y en adultos mayores de 45 años, llega al 60% entre sobrepeso y obesidad. El aumento en las tasas de obesidad y sobrepeso en Ecuador se atribuye a varios factores, incluyendo cambios en la dieta y el estilo de vida, la urbanización y el sedentarismo, así como factores genéticos. La obesidad no solo afecta la apariencia de una persona, sino que también puede tener graves consecuencias para la salud. Se asocia con un mayor riesgo de enfermedades como la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares, la presión arterial alta, la enfermedad renal crónica, la enfermedad del hígado graso no alcohólico y ciertos tipos de cáncer. Además, puede afectar la calidad de vida de una persona, limitar la capacidad para realizar actividades de la vida diaria y aumentar el riesgo de depresión y otros problemas de salud mental. Aunque la genética no es el único factor determinante de la obesidad, se ha demostrado que juega un papel significativo en la predisposición y su desarrollo. La identificación de genes específicos implicados en la obesidad ha llevado a una mejor comprensión de los mecanismos biológicos implicados en su aparición. Exploraremos los genes de la obesidad más relevantes y analizaremos la evidencia científica que respalda su implicación en este problema.

Genes principales Gen FTO (Fat Mass and Related Obesity), se encuentra en el cromosoma 16. Las variaciones de este gen están asociadas con un mayor índice de masa corporal (IMC) y un mayor riesgo de obesidad en poblaciones de mayor edad en todo el mundo. Se cree que las variantes de FTO pueden influir en la regulación del apetito y el gasto de energía en el cuerpo. Gen MC4R (receptor 4 de melanocortina), ubicado en el cromosoma 18. Las variantes de este gen se asocian con un mayor riesgo de la obesidad y el aumento de la ingesta de alimentos en las poblaciones de todo el mundo. Se cree que las variantes de MC4R influyen en la regulación del apetito y la saciedad. Otros genes involucrados FTO (Fat mass and obesity-associated gene): Variaciones en el gen FTO se han asociado con un mayor riesgo de obesidad y mayor índice de masa corporal (IMC) en diferentes poblaciones. MC4R (Melanocortin 4 receptor): Mutaciones en el gen MC4R son una causa rara pero bien establecida de obesidad monogénica. Alteraciones en este gen pueden afectar la regulación del apetito y la saciedad. POMC (Proopiomelanocortin): Mutaciones en el gen POMC también pueden dar lugar a obesidad monogénica. El péptido alfa-MSH, derivado de la proteína POMC, juega un papel importante en la regulación del apetito. LEP (Leptina): Mutaciones en el gen LEP pueden causar deficiencia de leptina, una hormona involucrada en la regulación del apetito y el metabolismo. La deficiencia de leptina se ha asociado con la obesidad en casos raros. LEPR (Leptin receptor): Mutaciones en el gen LEPR, que codifica el receptor de leptina, pueden afectar la señalización de la leptina y resultar en resistencia a esta hormona, lo cual puede contribuir a la obesidad. INSIG2 (Insulin-induced gene 2): Variantes en el gen INSIG2 han sido asociadas con un mayor riesgo de obesidad y un mayor IMC en varios estudios de asociación genética. PCSK1 (Proprotein convertase subtilisin/kexin type 1): Mutaciones en el gen PCSK1 pueden causar una forma rara de obesidad monogénica debido a la disfunción en la regulación del apetito. ADRB2 (Beta-2 adrenergic receptor): Variantes genéticas en el gen ADRB2 se han relacionado con la obesidad y la respuesta al tratamiento con fármacos para la pérdida de peso. PPARG (Peroxisome proliferator-activated receptor gamma): Variaciones en el gen PPARG se han asociado con la obesidad y la resistencia a la insulina. Este gen está involucrado en la regulación del metabolismo de los lípidos y la adipogénesis. GAD2 (Glutamate decarboxylase 2): Variantes en el gen GAD2 han sido relacionadas con la obesidad y la ingesta excesiva de alimentos. PPARG: Este gen está involucrado en la regulación del metabolismo de los lípidos y se ha asociado con un mayor riesgo de obesidad y resistencia a la insulina. ADIPOQ: este gen codifica la proteína adiponectina, que participa en la regulación del metabolismo de los lípidos y la sensibilidad a la insulina. Las mutaciones en este gen pueden conducir a niveles bajos de adiponectina, lo que lleva a un mayor riesgo de obesidad y resistencia a la insulina. TNF: este gen está involucrado en la regulación de la inflamación de la piel y mutaciones a un mayor riesgo de obesidad y enfermedades relacionadas con la inflamación mala, como la diabetes y enfermedades cardiovasculares. Las mutaciones en este gen se han se asocian con mayor riesgo de obesidad y pueden conducir a una disminución de la respuesta a los estímulos que promueven la lipólisis, lo que puede conducir a un mayor riesgo de obesidad. BDNF: este gen codifica un factor neuronutriente en el cerebro y juegan un papel importante en el crecimiento y la supervivencia de las células nerviosas. Las mutaciones en este gen se asocian con un mayor riesgo de obesidad y trastornos de la alimentación, posiblemente al regular el apetito y la conducta alimentaria. GNPDA2: este gen codifica una enzima, la glucosamina-6-fosfato deshidrogenasa 2, esta enzima está involucrada en la regulación del metabolismo de la glucosa. Las mutaciones en este gen se asocian con un mayor riesgo de obesidad y diabetes tipo 2. PCSK1: este gen codifica la proproteína convertasa subtilisina/kexina tipo 1, que está involucrada en la regulación de las hormonas que afectan el apetito y la ingesta de alimentos. Las mutaciones en este gen pueden provocar un aumento de la ingesta de alimentos y un mayor riesgo de obesidad. SH2B1: este gen codifica una proteína implicada en la señalización de la insulina y la leptina. Las mutaciones en este gen están asociadas con un mayor riesgo de obesidad y resistencia a la insulina. TMEM18 está fuertemente asociado con la regulación de la ingesta de alimentos y el índice de masa corporal. Las variantes de este gen están asociadas con un mayor consumo de alimentos y un mayor riesgo de obesidad. FABP4, LEP y LEPR: Estos genes están implicados en la regulación del metabolismo de los lípidos y la actividad de las hormonas implicadas en la saciedad y el apetito. Las mutaciones o variantes de estos genes pueden contribuir al desarrollo de la obesidad. FABP2 y AMY1: el gen FABP2 codifica una proteína de transporte, transferencia de ácidos grasos en el intestino y variantes de este gen se asocian con un mayor riesgo de obesidad y resistencia a la insulina. Por otro lado, el gen AMY1 codifica la amilasa salival, una enzima involucrada en la digestión de carbohidratos. Las variantes de este gen se asocian con un mayor riesgo de obesidad en poblaciones con alto consumo de carbohidratos. ADCY3 y GPR120: estos genes están involucrados en la señalización de las hormonas involucradas en el apetito y el metabolismo de la glucosa. Las variantes de estos genes están asociadas con un mayor riesgo de obesidad y diabetes tipo 2. IRS1 e IRS2: estos genes codifican proteínas que forman parte de la vía de señalización de la insulina, que participa en el metabolismo de la glucosa y las grasas. Las mutaciones en estos genes pueden causar una disfunción en la señalización de la insulina y contribuir al desarrollo de la obesidad y la resistencia a la insulina. Además de los genes específicos involucrados en la obesidad, también se ha demostrado que la genética juega un papel importante en la determinación del peso corporal. Los estudios han demostrado que los hijos de padres obesos tienen un mayor riesgo de obesidad que los hijos de padres no obesos. Sin embargo, la genética no es el único factor que contribuye a la obesidad. Los factores ambientales, como la dieta y el estilo de vida, también son importantes. Las dietas ricas en calorías, pobres en nutrientes y carentes de actividad física pueden contribuir a la obesidad, incluso en personas con una pequeña predisposición genética. A medida que continúan las investigaciones sobre la relación entre la transmisión genética y la obesidad, se descubren nuevos genes y mecanismos que pueden contribuir al desarrollo de la obesidad. Por ejemplo, se han identificado genes que están involucrados en la regulación del metabolismo de la glucosa y las grasas, así como en la regulación de la inflamación en el cuerpo, lo que puede estar asociado con la obesidad. Obesidad y economía social Los países de economías pequeñas y alta pobreza también se ven afectados por la obesidad y el sobrepeso. De hecho, la obesidad y el sobrepeso son un problema creciente en muchos países de bajos y medianos ingresos, donde la transición nutricional y los cambios en los estilos de vida están contribuyendo a un aumento en la ingesta calórica y la disminución de la actividad física. En algunos países de bajos ingresos, la obesidad coexiste con la desnutrición y la malnutrición. Esto se debe en parte a la falta de acceso a alimentos saludables y asequibles, así como a la creciente disponibilidad de alimentos procesados y altos en calorías. La obesidad en los países pobres puede tener graves consecuencias para la salud de las personas, especialmente en combinación con la falta de acceso a atención médica adecuada. Por ejemplo, en algunos países de bajos ingresos, la obesidad y la diabetes tipo 2 están aumentando rápidamente y ejercen presión sobre los sistemas de salud. La obesidad en los países pobres tiene graves consecuencias económicas. La obesidad limita la capacidad laboral y reduce la productividad, lo que puede tener efectos negativos en la economía y el bienestar social. En algunos casos, la obesidad también aumenta los costos de atención médica y sobrecarga el sistema de seguridad social. Al igual que la desnutrición, la obesidad, como una forma de mala nutrición, tienen que ver con la equidad social y el nivel cultural. Al reemplazar los alimentos tradicionales y orgánicos por procesados y consumir los alimentos de la industria alimenticia comercial, se produce una rotura del equilibrio alimenticio y el producto final son dos problemas graves para las sociedades como son la obesidad y la desnutrición. Aunque la genética puede desempeñar un papel importante en la obesidad, también es importante recordar que la obesidad es una enfermedad prevenible y tratable. Una dieta saludable, la actividad física regular y la gestión del estrés pueden ayudar a prevenir la obesidad y mejorar la salud en general. Además, hay una variedad de tratamientos para la obesidad, incluyendo cambios en el estilo de vida, medicamentos y cirugía bariátrica, que pueden ayudar a las personas a perder peso y mejorar su salud.


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