Vacunas y transgénesis

César Paz-y-Miño. Noticiero Médico

El desarrollo de las vacunas contra el virus SARS-COV-2, realizado de manera rápida, con aprobaciones de emergencia, controles restringidos propios de la pandemia, entre otras observaciones, ha sido cuestionado desde un sector minoritario de la población. La mayor crítica que se hace a las vacunas obtenidas con tecnología de ingeniería genética es que son “transgénicas” o peor, que producirían “humanos transgénicos”.

Esta acusación surge de la vieja lucha antitrasgénica, iniciada cuando la tecnología que se utilizó para aplicarla en los llamados OGM (Organismos Genéticamente Modificados) era inmadura; mezclaba genes extraños con genes propios de una especie con la finalidad de conseguir un efecto prolongado y reproducible. Los más exitosos transgénicos, los más populares y los que más ataques generan son los transgénicos de los alimentos (soya, mail, arroz, frejol, canola, entre otros).


La acusación principal sobre estos productos ha sido que los genes que se introducen en estos alimentos pasan al torrente sanguíneo de las personas que se alimentan con ellos y se introducen en el genoma. Esto ha sido demostrado, hasta la saciedad, que no es verdad. Cualquier alimento que consumamos se degrada y libera ADN que al ser fragmentado, jamás se mezcla con el ADN del núcleo de una célula; no pasa, no puede pasar. Aun en condiciones controladas de un laboratorio, el obtener esta mezcla de materiales genéticos de dos especies, es muy complicado. El movimiento anti transgénicos hace mucha bulla, impacta, pero no tiene razón. Estos mismos conceptos obsoletos ahora quieren aplicar a las vacunas.


De manera poco objetiva, se acusa y se implica a las nuevas tecnologías genéticas como causantes de daño al material genético o ADN de las personas que serían vacunadas. Se argumenta que cualquier introducción de material genético extraño a la célula provocaría un cambio permanente e incluso heredable del ADN del vacunado. ¡No es verdad!


Transgénesis significa según la Real Academia de la Lengua Española: Adjetivo en Biología, aplicado a un organismo vivo que ha sido modificado mediante la adición de genes exógenos para lograr nuevas propiedades. Sin profundizar en la definición, una más científica dice que un transgénico es un organismo que ha sido concebido artificialmente mediante ingeniería genética con mezcla de ADN de otros organismos en sus genes; ninguna vacuna produce esto.


La definición es muy clara; en ambos casos se habla de “mezcla”. El SARS-COV-2 es un virus de ARN, es decir un intermediario entre el ADN y las proteínas. Este ARN comanda la producción de una de las proteínas trascendentes en la infección viral, la llamada proteína de espiga o S. Mediante esta proteína, el virus se une a la célula huésped y para ello usa una puerta de entrada, que son los receptores de membrana de la célula. Es como un complemento de llave y cerradura que debe encajar perfectamente. Una vez que el virus ingresa a la célula, específicamente al citoplasma de la célula, jamás al núcleo donde se encuentra el ADN, el virus se dirige a la fábrica de proteínas celular que son los Ribosomas, ahí el virus produce todas las proteínas y moléculas propias de él para el ensamblaje de nuevos virus y la salida de la célula para nuevos contagios. No hay contacto del ARN viral con el ADN celular.

Terminado su período de replicación viral, el virus desaparece del huésped (14 a 21 días de síntomas). El organismo humano reacciona a las proteínas virales extrañas creando en primera línea de batalla, anticuerpos o Inmunoglobulinas M; luego inicia la inmunidad celular y los linfocitos T (los Killer) degradan al virus identificado mediante los anticuerpos específicos y de larga duración Inmunoglobulinas G.

Este recuento es clave para entender que las vacunas fueron desarrolladas para evitar la entrada del virus a la célula y su reproducción y posteriores contagios. Con este propósito y aplicando los conocimientos moleculares, se diseñaron vacunas con tecnología genética. No es tan nueva la tecnología como se ha pretendido argumentar y desacreditar a las vacunas, hay al menos cuatro experiencia previa en patógenos similares: SARS-CoV1 en 2003, la influenza aviar H5N1 en 2005, la influenza H1N1 en 2009 y el virus Zika en 2016; por tanto, la tecnología estaba siendo desarrollada y perfeccionada en los últimos 18 años, hasta que se llegó a la producción a gran escala de la vacuna actual anti Covid-19.

La obtención de estas vacunas parte de asilar el gen viral que codifica la proteína S; se lo corta con tijeras químicas (enzimas), se lo aísla y se lo introduce en unas “bolsas de lípidos” que junto a otros productos, se inocula por inyección en la persona. Este gen de la proteína S viral, se dirige al Ribosoma de las células y produce proteína S en grandes cantidades. El cuerpo humano reacciona a esta proteína extraña produciendo anticuerpos M y G, y desencadenando una memoria de inmunidad para que, en un nuevo y real contagio viral, el organismo se defienda selectivamente contra el virus y lo destruya. El fragmento de ARN que se introduce en el individuo, jamás, reafirmo, jamás se integra en el ADN nuclear; es imposible, no hay compatibilidad biológica ni química, simplemente NO; por tanto no hay transgénesis. Es falso decir que nos convertimos en seres transgénicos. Las vacunas que utilizan ARN son las Pfizer y Moderna.


Las otras vacunas de vectores virales defectivos o virus inactivados, usan el mismo principio, pero se diferencian en el material genético que transporta el gen de la proteína S del virus. Lo que se diseñó es un virus recombinante que mezcla ADN viral de un Adenovirus de enfermedades benignas respiratorias, que para la vacuna se le ha quitado sus propiedades de enfermar y replicarse. A este virus se le introduce un ADN copia del ARN de proteína S del SARS-COV-2, solo de la proteína S. Esta mezcla de ADN-ADNc (cARN del gen S), se inyecta en el individuo y se producen las mismas reacciones inmunitarias descritas en la vacuna de ARN y que constan en el párrafo anterior. El Adenovirus que se utiliza es un virus benigno, adicionalmente sin funciones o defectivo, que no tiene las propiedades ni capacidades naturales de producir cáncer o alterar el ADN de células reproductivas ni otras, por tanto, no se produce transgénesis. No nos convertiremos en personas transgénicas. Estos virus de ADN como los adenovirus, tienen su período de actividad y de vida, luego desaparecen, más aún si están inicialmente deficientes en actividades, solo son un vehículo de transporte del gen S, también modificado para no perpetuarse. Un adenovirus no se queda en el ADN de la célula, por tanto, no produce transgénesis. Las vacunas que usan esta tecnología son: AstraZeneca, Sinovac, Sinopharm, SputniK V, Johnson&Johnson, Coronavac, Covaxin.


Los opositores a las vacunas usan argumentos incompletos para combatirlas. Hablan de que las vacunas son de origen genético, pero jamás explican los mecanismos moleculares, que aquí no los profundizaré, pero que son algo más complejos y que claramente no determinan transgénesis. Los antivacunas asocian, de manera irreal, genes artificiales con transgénesis, fenómeno que no ocurre en la producción de las vacunas. Recalco, no seremos transgénicos.

Una tercera posibilidad de vacuna, es la introducción directa de la proteína S del Covid-19 a las personas, en una inyección. Esta proteína S producida a gran escala en laboratorios y puesta en un vehículo de grasa, es la que determinará el aparecimiento de la inmunidad contra el virus. Por ser una proteína, no tiene posibilidad de cambiar el ADN celular. Esta tecnología la están usando Novavax y Sanofi.

En definitiva, sea la vacuna de ARN, la de ADN o la de Proteína S, ¡ponte la vacuna! Por ahora es la mejor herramienta que tenemos para combatir al virus; esto sumado a las medidas de control sanitario de desinfección, uso de mascarilla, ventilación y distanciamiento social, ayudarán directamente a alivianar la carga sobre los sistemas de salud desfinanciados y poco atendidos.


La vacunación debe ser gratuita, pública, libre y equitativa. Hay un movimiento mundial para que se liberen las patentes y los secretos del diseño de vacunas, para que todos los países del mundo puedan acceder o producirla sin restricciones. Tal vez esta es la medida de urgencia más humana.


Link original: Vacunas y transgénesis (noticieromedico.com)


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